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Negocios
Author: 
Bisexuales
05-Feb-2019
571
Negocios
Son muchas las mujeres que “ayudan” a sus maridos en los negociaciones, convirtiéndose en moneda de cambio, al acceder a acostarse con “la otra parte” como parte del trato, eso me sucedió, pero no exactamente como a otras y me alegro.
Si me disculpan unos instantes voy al baño a refrescarme un poco, parece que el cava ha hecho estragos.

Sonia dijo.

Te acompaño querida y que estos hombres se dediquen a tratar sus negocios en el bar del hotel, nosotras ya nos retiramos directamente.

En el comedor apenas quedaba nadie más que nosotros, llegamos al baño y vi que Sonia decía algo a la encargada, le puso algo en la mano y esta salió, mientras me refrescaba un poco comenté con Sonia, a quien hacía apenas unas horas que conocía, justo desde antes de la cena.

¿No te molesta que tu marido te emplee como moneda de cambio?

Haciéndose la inocente pregunto a que me refería. Y no dude en responderle.

Esta noche una de nosotras no la pasara con su marido, depende de quién de ellos tenga más “poder” en el negocio que están tratando.

La vi por el espejo detrás de mí con sus ojos entornados fijos en los míos, es una mujer que ronda los 30 como yo, muy bella y elegantemente vestida, las dos llevábamos vestidos semejantes con grandes escotes y la espalda totalmente descubierta, el suyo rojo y con una abertura lateral que llegaba casi al final del muslo, con lo que al andar lo mostraba y continúe.

En ocasiones hemos ido a algún club liberal, donde cada cual ha “jugado” con quien le ha apetecido y por tanto no me molesta estar con otros hombres, pero me siento como una “puta” cuando me trae a alguna cena como la de hoy, donde tengo la certeza de que no dormiremos juntos y que en este caso o tu o yo seremos “El trofeo” para el vencedor del pulso económico que echen.

Entonces note sus manos en mis caderas y su boca junto a mi oído mientras susurraba.

No lo sabes todo querida.

Sus manos se deslizaron por el escote de mi espalda avanzando hacia mi vientre, mientras sus labios besaban sutilmente mi cuello, no me sorprendí demasiado cuando comenzó a subir sus manos hasta alcanzar mis pechos, mientras pegaba sus duros pezones a mi espalda y continuo diciendo.

Si no te parece mal esta noche serán ellos los que dormirán solos, tengo algo que enseñarte.

Me sujete con fuerza al lavabo, mientras bajó una de sus manos que acariciaba mi vientre, pasando de largo del ombligo hasta llegar a la vulva donde comenzó a acariciarme sin piedad, yo estaba muy mojada y al notar como rozaba apenas el clítoris que ya tenía más que excitado, las rodillas hicieron intención de fallarme pero me afiance y siguió acariciándolo mientras me besaba el cuello y la nuca, nunca antes había sentido nada parecido era mi primera vez en “manos” de otra mujer, me hizo llegar a un inmenso orgasmo y gracias a que me sujeto con fuerza no caí al suelo, al aflojar los efectos me soltó y dijo.

Acompáñame si te apetece.

Se metió los dedos con que me había acariciado el clítoris en la boca y los saboreó. Llegamos a recepción y el empleado nos ofreció nuestras llaves, entonces Sonia le dijo que ella quería la de la habitación 411 también reservada por ella, que está una planta por encima de las nuestras, subí con ella y al entrar aclaró.

Esta noche la pasaremos juntas y ellos que hablen de negocios.

Con un ligero movimiento deje caer los tirantes del vestido, dejando a la vista un par de esplendidas tetas de las que estoy muy orgullosa y que Sonia se apresuró a acariciar primero hasta que decidió comenzar a lamerlas, entretanto me acabo de sacar el vestido y quede solo con el tanga color piel, que estaba totalmente chorreando, lo baje un poco y ella se encargó de bajarlo más hasta que quedo a mis pies.

Cuando ya me temblaba todo el cuerpo y no estaba segura de nada, se dio la vuelta para que fuera yo quien la desnudara, a medida que iba sacando el vestido aparecía ante mis ojos una criatura “perfecta” y sin tanga, cuando se giró no hizo falta que indicara nada más nos fundimos en un beso y fuimos abrazadas hasta la inmensa cama, donde nos tumbamos sin soltarnos.

Sonia parece una experta en estas lides, me lamia el cuerpo mientras metía un par de dedos en la vagina y me iba follando con ellos, pronto alcance un sonoro orgasmo que no trato de acallar, más bien lo alimentaba con más caricias para que no acabara, mientras me besaba con verdadera pasión, cuando se tendió a mi lado para dejarme reposar un poco me gire para encararme a ella y preguntarle ¿Qué es lo que hacemos?

Como puedes ver pasarlo muy bien ¿Espero que tú también?

En realidad no me molestaba, era una muy buena experiencia, algo que tenía pendiente y que quería probar la próxima vez que fuéramos a algún local liberal, seguramente al terminar esa transacción que mi marido había calificado de “muy importante” y por eso habíamos venido desde Madrid, nos quedaríamos un par de días más pues nos habían recomendado un local. Me saco de mis pensamientos cuando oí que proseguía.

En este caso quien tiene el dinero soy yo y seré quien mañana o pasado según lo satisfecha que esté, firme los acuerdos a los que “ellos” hayan llegado, pero como en ocasiones anteriores todo depende de ti.

Es algo que desde luego ya conocía, pero nunca imagine que “El trofeo” fuera para Sonia, le sonreí y le dije.

Me tendrás que guiar, no tengo experiencia en este terreno.

Me sujeto la cara entre sus manos y después de besarme mientras conducía mi cabeza hacia sus pezones, que comencé a lamer como había hecho ella antes conmigo susurro.

Veras que es muy simple, solos haz aquello que te gusta que te hagan.

Para que tengas una idea, te daré algunas pistas.

Siguió conduciendo mi cabeza por todas las zonas erógenas de su anatomía, donde me aplicaba a besar y lamer, mientras mis manos no dejaron de acariciar sus muslos primero, para hundir dos y después tres dedos en su vagina y comencé a follarla con ellos, hasta que mi boca guiada por ella llego al clítoris, lo atrape entre los labios como me hace Juan en ocasiones, solo que este era inmenso, más del doble que el mío y muy rojo, parecía más la polla de un mono pequeño que un clítoris, lo mordisquee lamí y bese hasta que Sonia exploto en un orgasmo impresionante.

Lo había conseguido sin demasiados problemas y además de su orgasmo había conseguido otras dos cosas, convencerme que podía dar placer a otra mujer y que ese tipo de sexo era muy superior al obtenido con la mayoría de hombres con los que me había tocado “ser el trofeo”, para que pudiera cerrar un negocio mi marido.

Me seguía considerando una puta, pero al menos Sonia no me lo recordó y poco después era ella quien me guio para el que fue el primer 69, en que obtuve tanto o más placer del que proporcioné y eso sí que se me quedo gravado a fuego, tal fue la intensidad del orgasmo que gocé, que me desplome y al intentar levantarme no podía.

Las fuerzas me habían abandonado, Sonia permanecía a mi lado acariciándome el cabello mientras me besaba tiernamente, recordé que Juan a estas horas estaría posiblemente ultimando los detalles, o quizás se hubiera ido de fiesta con Ricardo su “nuevo socio”.

Lo comente con Sonia como de pasada y su respuesta fue tajante.

Ni se les ocurrirá, no sin mi permiso eso es algo que Ricardo tiene muy claro, cuando vamos de fiesta soy la primera que se presta a lo que sea y como puedes ver, tengo unos gustos variados y practico el sexo en todas sus variantes, pero ahora están en medio de unas negociaciones y no se pueden distraer.

Me quede sorprendida de la seguridad con que lo dijo.

Cuando me pude levantar fue para ir al baño, donde me acompaño por miedo a que cayera y después de asearnos las dos un poco decidimos dormir un rato, para lo cual nos acostamos abrazadas y besándonos, hasta que la fatiga y el sueño nos venció, cuando de madrugada me desperté fue para asimilar que estaba con Sonia y no me molestaba, todo lo contrario y sin pensar demasiado comencé a acariciarle la vulva mientras depositaba pequeños besos sobre sus pechos, pronto reacciono llamándome “su fiera” y respondió gratamente a mis caricias pero con una mayor destreza, lo que desemboco en un nuevo orgasmo por mi parte, ella tardo más en llegar pero cuando lo hizo fue espectacular.

No sé en qué momento nos dormimos otra vez, pero en esta ocasión nos despertó una camarera que trajo desayuno para las dos, no se sorprendió de vernos desnudas y abrazadas, al parecer esa habitación estaba reservada todo el año por Sonia, para sus esporádicos encuentros con quien le interesara en cada momento, es la conclusión a la que llegue al oír como hablaba con la camarera a quien llamaba por su nombre “Adela”.

Desayunamos y después nos duchamos juntas, fue una experiencia como todas las vividas junto a Sonia estupenda, “diferente” y al terminar de secarnos me hizo acompañarla al vestidor, donde eligió para mí un conjunto de mañana, compuesto de falda ancha beige y blusa blanca sin ropa interior, que me pareció de un gusto exquisito, ella vistió una falda azul claro y una camisa en la que dejo abiertos varios botones mostrando medio pecho y cogidas de la mano salimos camino del salón del hotel donde me aseguro que encontraríamos a nuestros maridos, lo dudé pues Juan es de poco madrugar, pero seguro que había recibido instrucciones de Ricardo y allí estaban los dos.

Al vernos nos besamos con nuestros respectivos maridos y Sonia pregunto si todo estaba claro, le mostraron una serie de documentos que después de leer fue firmando por partida doble con parsimonia, al entregarles el último con una gran sonrisa dijo.

Bueno ya se acabó el trabajo casi del todo, ahora vosotros ya podéis marchar, Juan ha sido un placer hacer tratos contigo, pero creo que tu mujer y yo aún tenemos algunas cosas que aclarar.

Nunca habíamos tenido problemas. Llevamos viviendo juntos casi ocho años y ya hace dos que nos casamos, en este tiempo he disfrutado mucho aunque nunca de esa forma tan peculiar como con Sonia, fue la última vez que lo acompañe a una de esas firmas, donde solía acudir con alguna “secretaria” contratada a tal efecto, algo que desde luego no me molestaba en absoluto, desde entonces hemos ido en varias ocasiones a clubs liberales, donde practico entre otras mi recién adquirida afición a las “mujeres”.

Pero lo mejor es que varias veces al año, Sonia me invita a pasar un fin de semana juntas, hay veces que es ella la que se desplaza a Madrid, yo a Barcelona o ambas a cualquier otro lugar que acordamos, cada nuevo encuentro se convierte en inolvidable, solo es sexo es cierto pero muy buen sexo.
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