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Relato
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Orgías
09-Jan-2019
355
Juego twister
Una tarde de juegos
No se cómo me he dejado convencer.

Ana se ha empeñado en que debíamos venir.

Cuando esta mañana nos hemos cruzado con Carlos, no teníamos ningún plan concreto para esta tarde de sábado.

También la comprendo. Sé que está colada por él y no iba a perder la oportunidad.

Cuando nos ha dicho que si queríamos venir esta tarde a casa de Juan, le ha faltado tiempo sin contar conmigo, para afirmarlo.

A mí no me apetecía así que después no he hecho más que ponerle escusas. Al final y después de repetirme “Por favor” unos cuantos miles de veces, aquí me encuentro sin tener muy claro porqué he venido.

La casa de Juan es muy grande. Estamos en el salón donde, a pesar de los muchos muebles que hay, da la sensación de quedar un espacio infinito.

Llevamos ya un rato y estoy junto a Juan y Pedro, escuchando lo que dicen.

Pedro y Juan son íntimos. Se les suele ver siempre juntos. Pedro es un chico muy alto.

Inma, la hermana gemela de Juan, tontea con Marcos, un chico rubio con unos bonitos ojos azules. Inma es muy guapa y las malas lenguas dicen que un poco puta. Según la leyenda negra, se ha tirado a medio instituto.

Ana no ha tardado en pegarse a Carlos y le sigue la conversación con cara de bobalicona.

¡Al menos podría disimular! – pienso esbozando media sonrisa.

Los siete vamos al mismo curso en el instituto. Inma, Ana y yo a una clase y el resto van a otra.

A pesar del frio de la calle, aquí hace calor. Nos hemos quitado los abrigos al entrar pero empieza a sobrarme también el jersey.

- ¿No hace mucho calor? – pregunto a Juan.

- Si, – asiente – tendrás que quitarte el jersey, no tengo ni idea de cómo bajar la calefacción.

Le hago caso y me lo quito. Estoy acalorada.

Me ha parecido que tras esto he captado la atención de los chicos. Debajo llevo una blusa muy ajustada y, como casi siempre en invierno, no llevo sujetador. Ventajas de tener unas tetas firmes.

Bajo un poco la mirada. Me percato de que se me notan los pezones. Trago un poco de saliva para mantener el tipo. Tampoco es para tanto.

Como si no pasara nada, prosigo atenta a la conversación que mantienen Juan y Pedro.

Intento entrar en la conversación e intervengo con una frase de compromiso:

- ¡Este salón es inmenso!

- Si, - me contesta Juan, desentendiéndose de Pedro y prestándome atención - en ese espacio jugábamos de pequeños al Twister.

Veo que me mira directamente a los pechos. Intento seguir la conversación como si no pasara nada.

- No he jugado nunca al Twister. ¿Es entretenido?

- Sí, aunque depende de con quien se juegue. Yo también hace mucho que no juego.

De repente parece que sus ojos se iluminan y propone con una exclamación:

- ¡Chicos! ¿Os apetece que juguemos al Twister?

- ¡Oh, estupendo! - añade su hermana Inma.

Sin dar tiempo a añadir nada, Inma se dirige un mueble librería y abriendo unas puertas inferiores extrae una caja donde se puede leer Twister en el exterior.

Abre la caja y saca un tapete plegado que extiende en el centro del salón. Sus dimensiones son de 6 filas y 4 columnas, cada una de un color.

Todos parecen animados a jugar. Yo tengo mis dudas. Nunca he jugado a esto y no sé qué tal se me dará.

- ¿Quién hace de juez? – pregunta Inma.

- Ya lo hago yo. – Se ofrece Pedro.

- Si tenéis calor, mejor que os quitéis algo de ropa.- Nos aconseja Inma a todos.

Salvo Juan y la propia Inma que no llevan, los demás se quitan el jersey. Los chicos se quedan con la camisa, las chicas con la blusa. Observo que todas las chicas llevamos falda. ¡Qué casualidad!

¿Cuántos juegan a la vez? – pregunto intrigada.

- Todos. Cabemos los seis. – Me responde Juan – ¡Ah, también hay que descalzarse! …

- ¡El que pierde paga una prenda! – Añade rápidamente Inma.

No sé qué ha querido decir Inma pero tengo una duda: - ¿Cómo se pierde? – pregunto intrigada.

- El que se cae o no puede hacer lo que le mandan – me aclara Inma de nuevo.

Tras sortear el orden en que empezamos, comienza el juego. Por suerte no soy la primera así que observo cómo actúan los demás.

Poco a poco vamos eligiendo el circulo de color que nos toca y colocando en él la mano o el pie que nos dice Pedro tras utilizar la ruleta del juego.

Al poco rato estamos los seis entrelazados sobre el tapete del juego. Tengo la cabeza entre las piernas de Marcos. Delante de mi esta Juan. Soy consciente de que mi posición hace que se entreabra y caiga mi blusa y tiene una visión directa de una de mis tetas. Me sonríe como si estuviera agradecido. Yo procuro no delatar que lo sé.

Le toca moverse a Carlos. No sé lo que ha hecho pero tiene su cabeza debajo de mí, entre mis piernas, bajo mi falda. También debe tener una buena vista. Me lo imagino observando directamente mis bragas blancas. Sé que me quedan ajustadas y de normal, ya que mi sexo es un poco abultado, se marca la raja de mi sexo en ellas. En la posición en que estoy, con las piernas abiertas, imagino que aún se notará más.

No me muevo o perderé. Me entra un cierto placer exhibicionista sabiendo que me observa las bragas.

El juego continúa y empiezo a captar que los chicos hacen todo lo posible por ponernos a las chicas en algún aprieto. Aprovechan para pegarse a nosotras de la manera más descarada y si pueden, a rozarnos las tetas o el coño.

Me parece que el resto de chicas acepta el juego y reaccionan de un modo similar para provocarles.

Le toca de nuevo a Carlos y hace un movimiento. Su brazo queda entre mis piernas abiertas. Tengo el sexo pegado a su brazo. Intento moverme ligeramente pero aún es peor. Me acabo de refrotar contra él. Con un pie en el círculo rojo y otro en el verde no sé cómo puedo mantenerme.

Le toca a Inma y su movimiento es imposible. Se cae. Celebración general con risas.

- Que cada uno recuerde como estaba – Dice Pedro.

Veo como los demás se levantan y yo hago lo mismo. Es un alivio. El roce del brazo de Carlos me estaba poniendo cachonda.

- La prenda para Inma es… - permanezco atenta, a esa parte no le había dado importancia. - ¡Quitarse la blusa!

Me quedo asombrada. No esperaba algo así. ¡Estamos jugando a las prendas con ropa!

¡Joder, no me imagino tener el brazo de nadie rozándome directamente el coño!

Inma no protesta. Se quita la blusa inmediatamente con una sonrisa para nada forzada. Lleva un sujetador azul aunque no tiene mucho volumen de pecho.

¿Y qué hago yo si me toca perder? ¡Si me dice que me quite la blusa me quedo con las tetas al aire!

- Volver a donde estaba cada uno – ordena Pedro.

Tras unos instantes de desconcierto, conseguimos colocarnos como estábamos. O casi. No sé porque, la presión del brazo de Carlos, ahora es mayor que antes. Tengo las piernas tan abiertas que creo que su brazo separa mis labios vaginales. No sé si él se dará cuenta pero estoy bastante cachonda. La mera expectativa de poder estar ahora sin bragas me ha acelerado el pulso.

Me percato de que Marcos está detrás de Ana, un poco agachado y sus claros ojos azules miren bajo la falda de Ana. Antes he podido ver su ropa interior. Lleva un fino tanga amarillo que en ese momento se había desplazado a un lado y dejaba a la vista su sexo depilado. Imagino que se lo habrá recolocado. Por la expresión de Marcos, tengo mis dudas.

El juego continúa y Juan se desequilibra. Nuevo alboroto y Pedro le encarga la prenda: fuera pantalones.

Un poco más tarde, yo soy la única que todavía no ha caído. Los chicos están todos sin pantalones, en ropa interior, y las chicas sin blusa, con los sujetadores.

A alguno le cuesta controlar su miembro y se nota que lo tiene algo excitado. Tampoco me extraña. He visto cómo Inma y Ana aprovechan cada movimiento para frotarse con las pollas de Marcos o Carlos. Además, cuando intentan hacerlo, también ocurre a veces que se frotan con la de Juan.

Tan alegre estoy porque parece que domino el juego que, confiada en mi capacidad, me caigo hacia un lado. Pedro me hace un favor y me deja elegir:

- ¿Falda o blusa?

No quiero ser la primera con las tetas a la vista. Sin pensarlo dos veces elijo la falda. Me la quito sin discutir. Las reglas son las reglas. Los chicos me miran con descaro a la entrepierna. Yo hago lo mismo y descubro con horror que mi sexo se marca en las bragas y que hay una pequeña manchita en la zona de la raja. He debido mojarlas sin percatarme, pero ya no puedo hacer nada.

Seguimos con el juego. En la siguiente jugada cae Juan. Se quita la camisa. Le queda poco para estar en un buen aprieto… y vuelve a fallar. Las chicas nos miramos. Sabemos que se va a quedar desnudo. Se quita el slip y deja a la vista su polla. Se nota algo excitada pero todavía parece maleable.

Han pasado varios turnos, salvo Ana que conserva sus bragas, todos estamos desnudos.

Todos han hecho un poco de teatro al quitarse la ropa. En mi caso, estaba deseando quitarme las bragas. Me tenía preocupada la manchita que llevaba.

Cada vez se disimulan menos los roces en los movimientos. Los chicos han ido perdiendo la flacidez de sus pollas. Las chicas también nos hemos vuelto más descaradas en los movimientos. Yo sé que mi coño está semi-abierto por la situación y por la posición en que estoy, pero hace un rato que he dejado de preocuparme.

Le toca moverse a Marcos. No se cómo lo ha hecho pero se queda casi encima de Inma. Desde mi posición veo su polla apoyada en el culo de ella. No está flácida como al principio. Ahora tiene un buen calentón y su glande asoma descaradamente dejando atrás la piel del pene. Hace un ligero movimiento y de repente la tiene colocada sobre el coño de Inma.

Inma pone cara de pícara. Se mueve hacia atrás y consigue que le entre suavemente.

Parece ser la señal de que este juego se ha acabado.

Estoy de rodillas apoyada sobre mis manos. Siento que alguien me empieza a meter la polla. No hay resistencia. Estoy tan lubricada que entra muy suave. Debe ser Juan que estaba detrás de mí.

Ana se lanza sobre Carlos y se mete su miembro en la boca. Para estar a juego con los demás, se quita las bragas.

Al poco estamos todos disfrutando. Pedro se ha acercado a Inma quien le ha sacado la polla y se la está chupando.

Me concentro en lo mío. Juan se mueve adelante y atrás. Sus manos no dejan de apretarme las tetas y me tira de ellas hacia él para meterme más su pene. En cada empuje me da la sensación de que me voy a correr pero resisto.

Cada movimiento me provoca un placer inmenso pero no quiero terminar para alargarlo cuanto se pueda.

De repente siento un líquido caliente en mí interior. Su polla palpita, se agranda y expande mi coño mojado. Se ha corrido dentro.

Me quedo quieta, con la frente apoyada en el suelo, disfrutando del calor. Tres o cuatro descargas más vuelven a llenar mi coño con su semen.

Permanecemos en esa posición durante un rato. No deja de presionarme.

Juan me suelta las tetas, saca su polla de mi cuerpo y se separa.

Es una sensación de vacío que no tarda en desaparecer. Alguien me agarra por la cintura y noto como una polla recorre mi entrepierna hasta encontrar el agujero de mi coño. Una vez localizado empuja hacia mí y comienza a entrar. Es mucho más grande que la de Juan pero mi agujero se adapta rápidamente al nuevo tamaño dejándola entrar hasta que siento que está totalmente pegado a mí y no puede profundizar más.

Giro un poco la cabeza para localizar quien es. Tal y como me imaginaba, es Pedro.

La saca un poco y vuelve a empujar a tope. Comienza una rutina de entrar y salir.

Estoy muy caliente y necesito tocarme el sexo. Llevo una mano a mi coño, la otra la necesito para apoyarme en el suelo.

Me froto apretando por debajo del pene que me penetra. En algún momento, le agarro de los testículos para dirigir sus movimientos.

… no puedo aguantar más… me corro…

Me agito, adelante y atrás, quiero mantener ese placer. Pedro también se corre. Me inunda. Noto como su semen rebosa de mi coño y cae por mis piernas.

Miro alrededor. La cara de los demás lo dice todo.

Carlos tumbado en el suelo con Ana encima, están entrelazados. Es evidente que tiene la polla dentro de Ana.

Marcos e Inma en idéntica posición hacen lo mismo.

Inma jadea con la boca abierta.

Mi sorpresa es mayúscula cuando Juan se acerca a ella y se coloca delante.

Inma extiende las manos y coge el pene de Juan. Se lo acerca a la boca y comienza a chuparlo.

…………………

La tarde no acabó ahí. La oportunidad era única y ninguno perdió la ocasión.

Nos fuimos intercambiando. De ese modo también follé con Marcos y con Carlos.

Juan y Pedro también lo hicieron con Ana e Inma. Naturalmente fue especialmente morboso cuando Juan se tiró a Inma, pero nadie dijo nada.

¿Quién iba a dar clases de moralidad?
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