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Mi hermanastra débora, la monja
Author: 
Anonymous
Lésbico
08-Jan-2019
531
Mi hermanastra débora, la monja
Regina ha llevado una vida de excesos, hasta que un accidente la deja en cama. Sus padres se van de viaje y queda al cuidado de su hermanastra, la monja, de la cual tratara robar su inocencia.
Ha pasado un año desde que vivo con Leonela la nueva mujer de mi padre, hasta ahora una de las mejores que ha traído a la casa, no se mete en mi vida y ni yo en la suya. No tiene hijos pequeños los cuales tenga que soportar- no me gustan los niños- solo tiene una hija mayor, que es monja. Me rio de tan solo pensarlo, que vida para más frustrante tuvo que vivir antes para cometer semejante locura. Privarse de la vida, salir a farrear, el buen sexo, alcohol, definitivamente una loca.

Yo si sabía lo que es vivir; una chica cada fin de semana, sexo por montón, aventuras al máximo. Amo correr motos, una de mis pasiones. Ese es un pegue para que las mujeres se quieran meter entre mis piernas, además de ser una chica rubia con medidas perfectas y ojos verdes no puedo pasar desapercibida.

Pero todo cambio cuando en una de las carreras que se competir, no pude derrapar y me estrelle. Mala suerte la mía.

Ahora me encuentro postrada en una puta cama, con un puto yeso en mi pierna, sin poder moverme libremente. Las enfermeras que me contrataron han huido, no aguantan unos cuantos toqueteos inocentes. Yo solo quería ver que tan profundos tenían sus coños, ya no saben de juegos.

Leonela se encargaba de mí y obvio que con ella no podía hacer lo mismo.

- Regina, tu padre y yo queremos hablar contigo- Mire a esos dos y sabía que no saldría nada bueno de su boca.

- ¿Qué pasa?- pregunte con gran curiosidad

- En unos días será nuestro primer aniversario- dijo. Seguí sin entender. Seguro vio en mi cara confusión que continuo hablando

- Pensamos irnos por un mes de viaje- abrí mis ojos por la sorpresa. Tendré la casa solo para mí. La de zorritas que podre invitar.

- En hora buena los felicito, espero le vaya muy bien- hablaba muy contenta por las buenas nuevas.

- Falta algo más- mierda, pensé. Ahora hablaba mi papá- Por tus condiciones no puedes quedarte sola- rodé mis ojos

- Papá ya tengo dieciocho años, no soy una niña- replique

- Pero estás inmovilizada por una pierna. – Entonces, me contrataran otra enfermera- afirme

- No. Todas huyen, porque no sabes comportarte- me reí por su comentario

- Entonces, ¿me voy con ustedes?- pregunte

- No- esa era mi madrastra- Mi hija Débora tendrá unas pequeñas vacaciones- me sorprendí, no sabía que las monjas podían salir de su cárcel. – Se ofreció bondadosamente a ser tu enfermera- reí internamente. Tendré una monjita en mi casa. Me voy a divertir como nunca.

- Está bien, espero que me pueda leer la biblia y enseñarme muchas cosas más- insinúe

- Mi hija estará más que dispuesta.

Tres días después



- Regina, ya nos vamos. En unas horas llega Débora, por favor compórtate delante de ella, es una novicia y debes respetarla- ya me sabia ese cuento, me lo habían repetido todos los días.

- Váyanse con calma, respetare a mi linda hermanastra. No tendrán ninguna queja de mi

- Creeré en tus palabras hija. Nos vemos después de un mes- dejaron un beso en mi mejilla y se fueron.

Ahora era que comenzaba lo bueno.

En la incapacidad que tenía, logre desnudarme. Previo a esto había dejado la puerta de casa sin seguro para cuando llegue Deborita, con muletas podía desplazarme dentro de casa. De mi buro saque a pepe mi querido consolador, lo roce en mi rajita despacio, encendiendo todos mis sentidos, tenía calculado el tiempo que podría tardar en aparecer mi hermanita postiza. Seguí rozándome el aparato, por ratos haciéndolo presión en mi botoncito.

Cuando escuche la puerta de casa cerrarse sabía que había llegado.

Decidí hundir a pepe en mi coño, que placer se sentía, me apretujaba los senos sabrosamente. La escuche hablar pero hice caso omiso y continúe en mi labor.

Sonreí de pensar en la sorpresa que se llevaría.

Comencé a gemir despacio. Hasta que escuche que hablaban detrás de mi puerta

- Regina, ¿estás ahí?, ¿puedo entrar?- no respondí. Quería que entrara de una puta vez. Al ver que no escuchaba respuesta, vi como comenzaba a abrirse la puerta.

Cerré mis ojos y empecé a meterme más rápido a pepe, mis aullidos se hicieron mas audibles. De a poco comencé abrí los ojos.

Casi suelto una carcajada al ver a Débora con los ojos bien abiertos viendo como me masturbarme.

- Débora- hable- perdón por el showsito.

Comente, pero sin dejar de meterme a pepe.

- Por los clavos de cristo, muchacha deja de hundirte esa cosa en tu vulva- monja tenía que ser.

- ¿Por qué debería hacerlo?, no le hago daño a nadie, solo me satisfago. A caso tú no lo haces- insinué

Trago saliva antes de hablar.

- Claro que no, eso es pecado. Los siervos del señor mantenemos nuestra pureza para él- que aburrida. No entiendo como una mujer tan bonita; ojos cafés claros, pelo castaño, de gran estatura. Lástima que con esa ropa ancha no se pueda divisar bien sus curvas, pero de que la tiene las tiene. Pase encerrada en esas cuatro paredes. No pasa ni de los treinta de edad.

- Entonces yo me iré al infierno- gemí. Estaba por correrme

- Si te arrepintieras tendrías salvación.

Di unos gritos en contestación, me había liberado, que bien se sentía.

La vi persignarse. Que graciosa es.

- Se me ha regado el agua bendita entre mis piernas, ¿quieres que te bendiga?- pregunte coquetamente.

- Arrepiéntete, no puedes blasfemar- hablo en un tono bajo, pero con su ceño fruncido.

- Solo era broma, pero en serio, quiero ayuda, necesito limpiarme y por mi pierna no puedo hacerlo sola- que gran actriz soy.

Se acercó a mí. Le indique donde estaban los pañitos húmedos y fue por ellos. Me los tendió

- ¿Puedes ayudarme?, se me han regado por los muslos y no me alcanzo- respondí como una gatita triste.

Suspiro, pero tomo un pañito. Comenzó a pasarlo primero por un muslo

- Que bien se siente- dije. Veía como trataba de esquivar la mirada a mi coñito.- Nunca has visto una vagina- me atreví a preguntar

Miro mis ojos para responder

- NO- respondió, mientras limpiaba mi otra pierna

- ¿Ni la tuya?- volví a preguntar

- Tampoco- dijo. Que estúpido

- Y que tal te parece la mía- Echo una ojeada pero la quito rápidamente- Vamos que no muerdo y mi coño menos. Mírala- pedí nuevamente

Tomo aire, y volteo a verla

Miraba de arriba abajo, su cabeza la inclinaba a cada lado. Yo abrí mis pliegues para que tenga mejor panorama.

- Y ¿qué tal te parece?

Dudo un poco antes de responder

- Ahh bien, esta depilado y muy higiénico- hablo

- No seas tímida conmigo, recuerda que somos hermanas. Solo por eso te daré el placer de tocarla- tome su mano y la pose en mi vagina

Sin soltarla hice que rozara sus dedos por mi hendidura. La vi cerrar sus ojos. Que mona

- Débora abre tus ojos, así no puedes verla- recriminé

Hizo caso, miraba como hacia pasear sus deditos por todo mi sexo.

- Así se ve una vagina, si ves ese botoncito que está arriba, se llama clítoris- me escuchaba atenta, que inocente se la ve.

Continúe hablando

- Si lo tocas con tu pulgar en forma circular, harás que grite el rosario- vi como intento reírse, voy por buen camino- También puedes pasarle la lengua, tratar de morderlo, succionarlo, sin fin de cosas. Y si abres mis labios así, veras este agujero, unos cuantos dedos ahí o una lengua o como fue mi caso con pepe, sería suficiente para ver el cielo.

Quedo su mirada fija en mi agujero, tome uno de sus dedos y lo lleve hasta ahí. Sus ojos se abrieron más, cuando veía lo que hacía, pero no se reusaba. Lo hundía lentamente, sin dejar de mirarla, gemí un poco. Ella no apartaba su mirada, mis gemidos se hacían más desesperados, tome otro dedo y lo metí. Con mi otra mano tome la suya para darle movimiento, Débora estaba paralizada, llevada un vaivén; sus falanges se convirtieron en mi consolador, los manejaba a mi antojo, los moví más rápido, pronto llegaría… pero la muy puta los saco antes de tiempo y salió corriendo.

Me había cortado un grandioso orgasmo, pero me la vas a pagar hermanita querida.

Vuelvo con un nuevo relato, espero les guste.
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